INDEMNIZACIÓN POR EL DAÑO FÍSICO EN LOS SINIESTROS - DAÑO CORPORAL -  DAÑO EN EL CUERPO - LESIONES POR ACCIDENTE - LESIONES PSÍQUICAS POR ACCIDENTE -  SECUELAS PSICOLÓGICAS DEL ACCIDENTE - DAÑO CORPORAL Y DAÑO MENTAL - DIFERENCIAS - INDEMNIZACION DISTINTA

LA INDEMNIZACIÓN POR EL DAÑO PSÍQUICO Y EL DAÑO FÍSICO EN LOS SINIESTROS.

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Por el Doctor Juan Carlos Muse Generch

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¿Daño Futuro o actual? Equivocaciones de enfoque. Clic aquí.

Confusión de las consecuencias futuras con las casuales y daños adicionales previsibles. Clic aquí.

La posibilidad de la prueba del daño espiritual o moral. Clic aquí

 

Es frecuente prever que en los tribunales se presenten demandas por daños psíquicos, y se les introduzca una suma de dinero como reclamo dándole autonomía en la reclamación, de manera independiente a los reclamos por daño moral y por daño económico.

El daño psíquico, como tal, no participa, por sí mismo, de la categoría de daño resarcible económico o moral, depende de alguna de estas dos clases de daños pues no existen más que estos, el sufrimiento espiritual y el daño económico.

El daño psíquico, como  tal, va a sumar dentro del daño económico según la influencia que tenga en ese plano: impedimentos de trabajo, dinero perdido consiguiente al período de incapacidad, tratamientos psicológicos durante períodos estimados a cálculo, y ello conlleva a que, tales impedimentos, también formen parte del daño moral. Vale decir y con otras palabras: “el mal momento de todos y cada uno de los infortunios” que ocasiona pérdida de tiempo, lo que a su vez se traduce en pérdida de dinero, de afán productivo, es resarcible como daño espiritual y como daño económico.

Pero en sí mismo, el daño psicológico no es resarcible sino como parte integrante del daño moral – si es irreversible – o como parte integrante del daño económico – si es fácilmente reversible, o de ambos, circunstancia esta, que se da en el general de los casos.

El dañó físico, tampoco tiene una entidad de resarcimiento “per se” e independiente de los daños resarcibles. Formará parte, del económico, del moral, o de ambos, según las circunstancias de cada caso.

El daño “estético” también es resarcible de la misma manera, como daño moral, como daño económico o ambos a la vez de la misma forma.

Será de mayor envergadura, si se trata de una persona bella, según el concepto que se tenga de si misma, o si por circunstancias objetivas, como el hecho de ser mujer, actor, ocasiona un perjuicio moral o patrimonial en mas o en menos según el caso.

La llamada “industria del juicio” que originó la modificación del artículo 505 del Código Civil, que establece lo siguiente:

Si el incumplimiento de la obligación, cualquiera sea su fuente, derivase en litigio judicial o arbitral, la responsabilidad por el pago de las costas, incluidos los honorarios profesionales, de todo tipo allí devengados y correspondientes a la primera o única instancia, no excederá del veinticinco por ciento (25 %) del monto de la sentencia, laudo, transacción o instrumento que ponga fin al diferendo. Si las regulaciones de honorarios practicadas conforme a las leyes arancelarias o usos locales, correspondientes a todas las profesiones y especialidades superan dicho porcentaje, el juez procederá a prorratear los montos entre los beneficiarios. Para el cómputo del porcentaje indicado, no se tendrá en cuenta el monto de los honorarios de los profesionales que hubieren representado, patrocinado o asistido a la parte condenada en costas.” Ha ocasionado una derogación de las regulaciones de honorarios profesionales de las provincias – texto inconstitucional -, pues si bien es cierto que no se afectan los honorarios profesionales, en teoría, en la realidad, el acreedor de una obligación no tiene por qué pagar costas, toda vez que, conforme sostiene la misma justicia, las costas no son un castigo, pero en verdad el texto legal no señala qué pasa con el saldo excedente del % 25 en su naturaleza jurídica.

Pero volviendo al tema tratado, la cuestión estribaba en los exorbitantes montos, producto de una sumatoria de conceptos que dan el uno contra el otro, y así sucede cuando se reclama el daño moral y no se lo vincula al estético, o a éste con el económico, inventándose toda clase de autonomía reclamatoria.

Pero lo curioso, es que estos reclamos que generalmente provienen de accidentes de tránsito no son buenos reclamos, por lo general se olvida el concepto de “daño actual” y “de daño futuro.”

DAÑO FUTURO:                                                    

El daño futuro no comprende ningún rubro indemnizatorio, puesto que no existe. Pero debe reclamárselo cuando es previsible que un daño pueda sucederse a lo futuro, lo que habla a las claras, no del “daño futuro”, sino de la “envergadura del daño actual”.

Es lo que generalmente cuesta entender en los casos de esguinces. Un esguince, no es un daño importante, pero actualmente. Pero puede ocurrir una segunda esguince con más facilidad que la primera.

Sucede como si una lata fuera abollada, y luego planchada nuevamente. Pero ahí no termina el reclamo por el daño, debiera considerarse que dicha lata, es susceptible de ocasionarse con mayor facilidad el día de mañana. Y eso no es hablar de daño futuro, sino de la envergadura del daño actual.

Lo mismo sucede si una intoxicación, por causa de lo que se da en llamar, “curso normal y ordinario de las cosas”, pudiera ocasionar, como frecuentemente puede hacerlo, un cáncer. No es dable aceptar ni de un juez, ni de un abogado que sentencie, o reclame, según el caso, sólo por la intoxicación, sino que debe reclamarse también por el cáncer, si previsiblemente este suele suceder.

En este campo hay que ser bien específico y claro con el punto pericial, puesto que no solamente existen las máximas de experiencia del juez, sino también las del perito, quien, por experiencia sabe perfectamente lo que suele ocurrir estadísticamente. Y ese perito será responsable por los daños y perjuicios que ocasione su incontestación al punto de pericia que específicamente le pida que responda desde sus máximas de experiencia, respecto a la ocurrencia estadística de tales casos en lo corriente.

Lo mismo puede ocurrir si existe cáncer o cualquier enfermedad que parezca una sentencia de muerte. En tales casos el juzgado debe sentenciar e indemnizar como si fuera una muerte, seguida de un largo proceso de lucha, de padecimientos, que aún no han ocurrido. Obviamente si pasado un tiempo, nada ha ocurrido según el curso habitual de las cosas, no será indemnizada la persona por el resultado que no llegó a darse.

Estos nexos hay que estimarlos al momento de dictar sentencia y hay que reclamarlos, porque luego no puede existir un nuevo juicio por el hecho que ya está indemnizado.

Podrían admitirse sentencias modificables en este aspecto, cuando la ocurrencia de los hechos no es frecuente.

Esta idea ha sido mal entendida por muchos especialistas, cuando sostienen que la responsabilidad por culpa no puede extenderse más allá de las consecuencias mediatas previsibles.

Tenemos consecuencias inmediatas, como son los daños actuales, en el caso de la pérdida de un capital, los intereses, y consecuencias mediatas las que podemos dividir en previsibles e imprevisibles, objetivamente.

Las previsibles ante un hecho como lo es, por ejemplo, la pérdida de un automotor, es la privación de su uso y las consecuencias patrimoniales y morales que se derivan de tal privación.

RESPONSABILIDAD POR CONSECUENCIAS CASUALES - ¿QUE SON LAS CONSECUENCIAS CASUALES?

Al analizar muchos jueces y abogados la cadena causal, si la privación originó otro daño adicional, como por ejemplo, que la privación haya generado, a su vez, imposibilidad de trasladar a una persona enferma, lo que ha ocurrido, en una sola oportunidad, a eso lo llaman “consecuencia casual”. No es así.

Consecuencia casual es una desviación del nexo causal, de la cadena de causa y efecto, para producirse un evento que nada tiene que ver con la causa origen. Si otra causa, o mejor dicho, otro hecho generador dañoso, produce otro problema o daño, eso es consecuencia casual, y aunque uno se vea privado del vehículo automotor, siendo un tercero quien ocasionó el segundo daño, no es responsable el primero de los causantes, por haber creado una condición inesperada.

Pero sí lo es, y merece la atención de una nueva acción judicial y un reclamo indemnizatorio ampliatorio, aquella consecuencia que se produce por la mora en el pago de la obligación. Así, por ejemplo, si no me restituyen el vehículo, dilatan el procedimiento judicial, recae sentencia y la misma pondera los reclamos, pero no está incluido en el mismo, que por ejemplo, como consecuencia de la privación del vehículo automotor. Por ello la mora, la falta de acuerdo de pago en cuotas, y el “tirar el proceso judicial para adelante” hacen muy peligrosa a la actitud del deudor de la obligación pues se hace responsable de los efectos de la mora, no pudiendo, o no debiendo el acreedor, tener que soportar las consecuencias del incumplimiento. De ninguna manera.

El Código Civil es claro en el concepto en los arts. 508, 585 a 587.

Las defensas que suelen hacerse por parte de aseguradores, es “tipificar” una consecuencia como remota o casual, daño futuro, cuando en realidad no estamos hablando de ninguna de dichas hipótesis.

Discriminar en una demanda, cuáles son las consecuencias plausibles de atención, importa fijar los rubros reclamados en función de las consecuencias que configuren un daño aún no producido, pero con importantes chances de realizarse, y, cuando es imprevisto, deberá responderse por las consecuencias que se tipifican como remotas, puesto que aún en el caso, por el solo hecho de la mora, se responderá de toda la cadena causal, desde que son previsibles ciertos resultados dañosos, por la mora y a sabiendas de la duración del proceso judicial.

La matodología a emplear, será, por consiguiente:

a.- Daño Económico y explicitar en ese punto todos los rubros.

b.- Daño moral o espiritual, y exponer allí todas las angustias, actuales y futuras previsibles.

LA PRUEBA DEL DAÑO MORAL O ESPIRITUAL – LA POSIBILIDAD DE PRUEBA DEL DAÑO MORAL.-

Si bien dicen los jueces que no necesitan la prueba del daño moral o espiritual, como también que no les corresponde a los peritos establecerla, por conocer dichas consecuencias los mismos magistrados, en ocasiones puede ser favorable la producción de la prueba tendiente a demostrar o aniquilar la alegación del daño moral.

Existen casos que parecen patológicos pero no lo son:

1.- Un ejemplo sería, a favor de la producción de la prueba en daño moral – NO PROHIBIDA POR NINGÚN PRECEPTO LEGAL – ciertas idealizaciones propias de la vida afectiva.

Por ejemplo, en un caso de siniestro de tránsito, la idealización de la madre o el padre fallecido en el mismo.

Tales idealizaciones no son propias de la ponderación de un juez, pues, distinta es la relación padre o madre – hijo o hija, con respecto a lo que es común o habitual en la obligación de responder en ciertos casos.

Así, a modo de ejemplo, pudiera un juez extender una cifra en concepto de daño moral conforme a los estándares, conforme a los sufrimientos padecidos como consecuencia del hecho dañoso, en el caso, suponemos una muerte.

Sin embargo hay situaciones de idealización, que no son patológicas, no resultando ninguna “patología” como suelen decir los que responden demanda, que la madre del reclamante, sea para él, el ideal de madre, o la madre o el padre que, fallecido, hayan constituido para ese reclamante, el ideal de padre o madre.

Patológico significaría un vínculo asociado con la falta de evolución biológica en la personalidad. Como sería el caso de la hija que duerme en la cama con la madre y posee 40 años de edad. La confusión entre lo patológico y lo idealizado es fundamental de tener en cuenta.

Tampoco ninguna aseguradora, en el ejemplo dado, ofrece prueba tendiente a demostrar la inexistencia de daño moral o espiritual, mejor dicho – desde que esto, de “moral” nada tiene que ver con el concepto exacto -. Y puede ocurrir que la muerte de un ascendiente o descendiente directo, haga que la persona se sienta libre, o alegre, tras desvincularse definitivamente de la misma. Si la aseguradora o quien conteste la demanda, sabe que esto es así, debe tratar de producir la prueba pertinente a fin de demostrar la no existencia de ningún daño espiritual. No existe prohibición legal respecto de este punto tampoco.

En la práctica se contentan con la “presunción” de que existe realmente un daño espiritual, pero no se permite prueba alguna. Para esto hay que ser contundente en las apreciaciones que estoy sosteniendo, a fin de que hagan lugar a la prueba ofrecida, que hace a la sumatoria indemnizatoria, mas justa.

Además entre el daño psicológico y el espiritual, no puede negarse como muchos magistrados hacen, que existe una yuxtaposición.